·1.– Introducción
·2.– Ámbito territorial de la Ley 41/2003
·3.– Objeto principal de la Ley: el patrimonio protegido
·4.– Concepto, caracteres y naturaleza del patrimonio protegido de los discapacitados
·5.– Concepto de discapacitado
·6.– El discapacitado como titular y beneficiario del patrimonio protegido
·7.– Constitución del patrimonio protegido
·8.– Administración del patrimonio protegido (art. 5)
·9.– Supervisión y control de la administración del patrimonio protegido (arts. 7 y 8)
·10.– Extinción del patrimonio protegido (art. 6)
·Notas
CONCEPTO, CARACTERES Y NATURALEZA DEL PATRIMONIO PROTEGIDO DE LOS DISCAPACITADOS

El cauce principal previsto en la Ley para fomentar la protección patrimonial de los discapacitados es la creación de un patrimonio protegido.

Como la norma no ofrece un concepto específico, debe entenderse por “patrimonio” la noción aceptada con carácter general, es decir el formado por el conjunto de relaciones económico– jurídicas, sean activas (derechos) o pasivas (obligaciones) que, en el momento de que se trate se atribuyen a una persona, conformando su esfera patrimonial13. En otras palabras, es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones de los que es titular un sujeto.

Mas en esta LPPD se configura la creación de un patrimonio protegido diferenciado del propio patrimonio personal del discapacitado, si bien esta norma no es muy explícita en cuanto a las características que deba tener el patrimonio protegido del discapacitado, que le da título. En su Exposición de Motivos (aptdo.II), se menciona una masa patrimonial, el ‘patrimonio protegido’, la cual “queda directamente vinculada a la satisfacción de las necesidades vitales de la persona con discapacidad. Los bienes y derechos que forman ese patrimonio, que no tiene personalidad jurídica propia, se aíslan del resto del patrimonio personal de su titular–beneficiario, sometiéndolos a un régimen de administración y supervisión específico”.

A esto se añade que “es un patrimonio de destino, en cuanto que las distintas aportaciones tienen como finalidad la satisfacción de las necesidades vitales de sus titulares”, y que sus beneficiarios han de ser “exclusivamente las personas con discapacidad conforme al concepto que de ellas ofrece la ley”14.

El art. 1.1 de la Ley dispone que, entre otros, el objeto de esta ley es “garantizar la afección de bienes y derechos, así como de frutos, productos y rendimientos de éstos a la satisfacción de las necesidades vitales de sus titulares. Tales bienes constituirán el patrimonio especialmente protegido de las personas con discapacidad”. Por último, afirma que dicho patrimonio se regirá por lo establecido en esta Ley y en sus normas de desarrollo15.

Nos encontramos ante un patrimonio distinto del patrimonio personal del discapacitado. Ahora bien, ¿qué tipo de patrimonio en particular?. Su especialidad deriva de tres aspectos:

1.– El titular–beneficiario y administrador del mismo (representante legal del beneficiario en todo lo relativo a ese patrimonio)16, habitualmente, no coincidirán en una misma persona (excepto cuando el beneficiario tenga plena capacidad de obrar y sea el designado como administrador).

2.– Dándose alguna de las causas de extinción del patrimonio el destino de los bienes que lo forman puede variar según los casos:

Si la extinción se produce porque el beneficiario pierde la condición de discapacitado, el patrimonio protegido pierde asimismo su condición especial fundiéndose con el patrimonio personal17 de su titular, patrimonio al que se aplicarán las normas civiles ordinarias que le correspondan.

Si se produce por fallecimiento o declaración de fallecimiento los bienes del patrimonio formarán parte de la herencia de la persona discapacitada. En cualquiera de los dos casos de extinción vistos18 el destino de los bienes que formaban el patrimonio especial ( o parte de ellos) puede ser otro, si es que las personas que en su día aportaron bienes, lo hicieron fijando un destino distinto para éstos al extinguirse el patrimonio.

3.– Los bienes que integran el patrimonio protegido han de dedicarse a la satisfacción de las necesidades vitales de su titular.

Estas particularidades reflejan la creación de un nuevo tipo de patrimonio autónomo. De ordinario, cada persona tiene un solo patrimonio, pero junto a éste, puede existir otro patrimonio autónomo cuando la ley lo prevé19, tal como hace en este caso la LPPD en relación con los discapacitados que lo constituyan. Se trata de un patrimonio separado, de destino, en definitiva, un patrimonio “protegido”.

El patrimonio separado coexiste con el patrimonio personal del titular, sin fundirse ni confundirse con éste; participa de todos los rasgos del patrimonio en cuanto que funciona como una unidad, con independencia del patrimonio personal y conserva su identidad. Por ello, el patrimonio protegido del discapacitado se configura legalmente como un patrimonio autónomo. Los rasgos que caracterizan al patrimonio protegido de los discapacitados son los propios de los patrimonios autónomos:

1º.– La ley prevé su creación junto al patrimonio personal. Es decir cumple con el requisito de la legalidad, puesto que la creación de los patrimonios autónomos está fuera del ámbito de la autonomía de la voluntad.

2º.– Una vez creado dicho patrimonio protegido, existe una neta separación jurídica entre el patrimonio autónomo y el personal.

3º.– En la identidad del patrimonio autónomo cobra una mayor relevancia la subrogación real, dado que, constituido el patrimonio e identificados los bienes que pertenecen al mismo, cuando uno de ellos sale del patrimonio, el bien que le sustituye se coloca en la misma situación jurídica que el bien anterior, pasando a formar parte del patrimonio autónomo y no del patrimonio personal.

4º.– Se produce una administración y gestión específica de cada patrimonio: con independencia de quien administre el patrimonio personal del discapacitado (ya sea éste, si tiene capacidad suficiente para ello, o sus representantes legales si no la tiene), se designará un administrador para el patrimonio protegido20.

5º.– El patrimonio autónomo responsable de las deudas procedentes del mismo, sin que ello implique que no pueda hacerlo de las que procedan del patrimonio personal del discapacitado cuando éste sea insuficiente para ello21.

Encajado en el concepto de patrimonio autónomo, el patrimonio protegido que regula la LPPD se configura como un patrimonio separado. Es decir, el que tiene una persona (el discapacitado) que pertenece a un mismo titular (ese mismo discapacitado), pero que no se encuentra a su arbitrio22, sino que queda radicalmente separado del personal, pues cada uno tiene su propio régimen de gestión. Administrado, en la generalidad de los casos por otra persona y sometido a unas reglas propias.

Como ocurre con otros patrimonios separados, una nota definitoria es la temporalidad . Si bien puede presentar una mayor permanencia que la de otros patrimonios del mismo tipo, la temporalidad del mismo se limita a la vida del discapacitado o perdura mientras no pierda dicha condición, o se produzca la decisión judicial que resuelva su extinción a instancia del MF.

La denominación, que aplica la LPPD a esta figura, de “patrimonio especialmente protegido” o “patrimonio protegido” no es especialmente acertada, ni responde a una terminología jurídica precisa y con sustantividad propia, sino simplemente a la aplicación al concepto de patrimonio separado (patrimonio), la protección prevista en la citada norma (protegido).

La calificación de este patrimonio tan peculiar no se acaba con decir que es un patrimonio separado, dado que en la ley se habla, además, de “afección de bienes y derechos” a la satisfacción de las necesidades del discapacitado, con lo que también podríamos hablar de un patrimonio afecto a un fin, aún cuando en él no aparecen todas las notas características que los autores adjudican a este tipo excepcional de patrimonio23: indeterminación personal de sus beneficiarios, o carencia de titular actual determinado.

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